Ésa es la cuestión, sí. Porque si no vendemos, mal vamos. Estamos en la era del TURISMO con mayúsculas: los turistas no paran de crecer en número y en exigencia. Y los negocios turísticos tampoco dejan de crecer en cantidad pero no tanto en calidad, ¿o sí?

¿Y cómo vendemos? ¿Sabemos cómo hacerlo? ¿O nos limitamos a abrir la tienda y que venga quien quiera o quien pueda? Yo casi que sabría mejor enumerar cómo NO vendemos. Les voy a contar lo que hacemos para no vender:

  • No nos promocionamos lo suficiente.

Nos conformamos con una web que se mueve menos que los precios (que de ésos sí estamos pendientes, sí) y con que Booking.com nos anuncie en el puesto “vaya usted a saber” de nuestra ciudad. Y si hablamos de restaurantes u otro tipo de negocios, con menos nos conformamos.

  • Nos pasamos con las tarifas.

Y claro, si es que si vendemos poco y mal… Pues habrá que mantener los ingresos de alguna manera. Soy partidaria de la opinión de que una tarifa adecuada da más ganancias a la larga. No es cuestión de regalar nuestro esfuerzo y nuestro trabajo; se trata de ser lo más justo posible con nuestros clientes, porque nos lo van a agradecer.

  • No tenemos en cuenta las necesidades de nuestra clientela.

Porque nos dan mensajes (directos o indirectos, claros o subliminales) de cómo mejorar a cada momento: en la primera llamada al hotel, en su llegada al establecimiento, cuando nos piden un café, cuando están mirando la carta, etc. Y por supuesto, cómo no, en las webs de opinión. Y nosotros ¿qué hacemos? Casi siempre respondemos: a los comentarios malos, con suerte también a los buenos, o no respondemos y como estemos estresados, ni los leemos. Pero eso sí, de este manual de consejos, poco aprendemos.

  • No escuchamos las sugerencias de nuestro equipo.

Ni ponemos en común los logros, las dudas, las necesidades, la visión parcial de cada uno que en común puede ser muy valiosa. Porque no tiene la misma percepción el cocinero que el camarero, ni la gobernanta y el responsable de eventos. Como equipo, siempre avanzaremos más.

  • No potenciamos la relación con nuestros proveedores.

O porque no nos fiamos del todo, o porque no vemos su potencialidad como posibles clientes, o porque lo nuevo nos asusta y tampoco nos queremos gastar más de la cuenta… Y mira que nos podrían hacer la publicidad con la misma valía que el boca a boca del que disfruta de nuestros servicios… Pero que no, que no; que proveedor por un lado y cliente por otro.

Y se me ocurren unas cuantas cosas más. Pero creo que con éstas ya se puede ir reflexionando tranquilamente sobre Cómo Dejar de No Vender y empezar a vender sin prisa pero sin pausa.